Escobar, un malo que conviene

Implotado por Ruizist! el 30.01.14 @ 23:59 | 5 comentarios
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El patrón, carajo

Se me ocurrieron algunas reflexiones a propósito de la serie “Escobar, el patrón del mal” (que no recomiendo ni mucho menos, faltaba más). La producción está financiada por familiares de algunas de las víctimas más notorias del excapo del cartel de Medellín, y esa es la clave para entender la mirada superficial y hasta benévola que arroja sobre la coyuntura de Colombia en esos años. La realidad, claro, era (y es) muy distinta.

Aunque a algunos les resulte cómodo, Escobar por sí solo no alcanza para entender a Colombia: estamos hablando de un país violento desde mucho tiempo antes de que El Patrón asomara la cabeza. Esto queda patente en algunas de las biografías más completas sobre Escobar, como “La parábola de Pablo” o “El patrón“, y es evidente con un simple wikipediazo. Sin embargo, a la gran mayoría de actores sociales colombianos con cierto poder les conviene mostrar a Escobar como una figura diabólica para expiar sus propias responsabilidades en la dinámica de un país sacudido por conflictos internos desde su origen.

No se trata de blanquear (cuac) la figura de Escobar ni de afirmar que era un buen muchacho: está más que claro que ese no era el caso. Pero sí sería bueno entender que, en muchos aspectos, el surgimiento de este tipo de figuras paternalistas y al margen de la ley se ve propiciada por la flagrante ausencia del Estado. Colombia es uno de esos casos. La mano de Escobar llegaba a lugares y a grupos sociales donde el Estado de ese país no llegó (o no quiso llegar) durante mucho tiempo.

Escobar y la guerrilla (las FARC, M-19 y otras) no fueron los únicos malos en la historia de Colombia; tampoco fueron los peores. La opresión de la clase terrateniente sobre los campesinos fue el caldo de cultivo para las guerrillas, del mismo modo que los ejércitos de sicarios de Escobar surgieron de la pobreza extrema de oleadas de colombianos inyectados a la fuerza (por la propia expulsión de las poblaciones de las zonas rurales) en urbes estalladas como Medellín. Tampoco Luis Galán, quizás uno de los mejores hombres de la política colombiana, fue el primer candidato presidencial víctima de magnicidio (aunque Escobar siempre se desligó de este atentado y lo atribuyó a otros capos narcos dentro de su cartel). Ya en 1948, otro candidato del partido liberal había sido asesinado, dando inicio a una etapa que se denominó “La Violencia“, una de las más sangrientas de la historia de Colombia.

La clase política fue otra aliada fundamental para este continuo desastre social. Luego de décadas de conflictos internos entre el partido liberal y los conservadores, de asesinatos, traiciones y promesas incumplidas de desarme entre guerrillas rurales y paramilitares (que nacieron como fuerzas de choque a sueldo de los terratenientes), y de grandes escaladas de violencia en las que el narcoterrorismo jugó un papel central, la “solución” que se encontró es un parche que resuelve más bien poco: con el aval imprescindible de Estados Unidos, se decidió militarizar completamente el “problema de las drogas”.

Hoy en día, transcurridos 20 años de la muerte de Escobar y en plena vigencia del “Plan Colombia“, ya no son las guerrillas ni los carteles los que ostentan la parte del león del narcotráfico colombiano: son los propios paramilitares, luego llamados AUC (Autodefensas Unidas de Colombia), los que comenzaron a monopolizar a sangre y fuego estas actividades ilegales. Ante esta problemática, la clase política colombiana aplicó otro parche en la forma de distintas iniciativas de desmovilización, muchas de ellas con rebotes en nuestro país, donde narcos “reconvertidos” intentan pasar desapercibidos en diversos countries del GBA (para más datos, consultar el libro “Mi Sangre“, de reciente publicación en Argentina).

Es evidente que la violencia armada en Colombia no terminó con la muerte de Escobar, que fue cobardemente cazado como un animal por una fuerza conjunta conformada por diversos comandos armados del Estado colombiano, la DEA y varios de sus rivales de otros carteles (e incluso dentro del propio). Actualmente, Colombia es dueña de dos récords que hablan por sí solos: es el país con más desplazados internos en el mundo y, por otra parte, ostenta una cifra de muertes por año a manos de fuerzas estatales o paraestatales (de un Estado democrático, vale aclarar) que supera hace ya mucho tiempo la cantidad de asesinados en los 17 años que duró la dictadura de Pinochet en Chile (ver el caso de los falsos positivos, entre otros). Todo esto, por supuesto, sin que Escobar aparezca en la foto.

Queda claro, entonces, que la realidad colombiana es una de las más complejas de Latinoamérica. Y también es evidente que el recurso facilista de reducir todos sus problemas a la figura de Pablo Escobar es un intento pueril para que sigamos sin entender nada.

5 comentarios »

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  1. Buen analisis, como para poner un poco en claro que ahora que el Patron esta siendo visto como un fenomeno televisivo, detras de eso juegan otras cuestiones

    Comentó Doctor Piorrea el 08.02.14 a las 1:45 pm — #permalink

  2. “La producción está financiada por familiares de algunas de las víctimas más notorias del excapo del cartel de Medellín.”

    Más claro, echale de la buena.

    Comentó peluca el 14.02.14 a las 1:02 pm — #permalink

  3. Hay algunas personas que no tenian ni remotisima idea que podia existir ese submundo, que endilgaban la culpa al intendente de pueblo o al milico de la esquina, a ellos, esta serie les ha abierto la cabeza de que la cosa es un poquito mas compleja. Por ahi, abren el bocho, se les da por indagar y ven que eso que ven en la minierie es una burdo seccionamiento de una realidad mas amplia. Pero es un comienzo. La cultura de la simpleza ha dejado lisas muchas cabezas y hay que ayudar a pensar. Bueno el blog y bueno el aporte.

    Comentó gabriela el 16.02.14 a las 8:03 pm — #permalink

  4. Copio de acá: http://loqnoseve.blogspot.com.ar/2014/02/medio-tiempo-que-no-juntamos-once.html

    “El paramilitarismo colombiano es un fenómeno de carácter contrainsurgente, que salió a la luz para realizar la guerra sucia (masacres, desapariciones, torturas, limpieza social) con el fin de tener alguien a quien echarle la culpa que no sea el Ejército, que ya lo hacía y lo siguió haciendo con y en el paramilitarismo. Pero sobre todo para articular una estrategia integral contra la base de la guerrilla, el famoso sacarle el agua al pez. Para la media nació como una expresión de terratenientes con miedo, pero la realidad es que a esto se le sumó su relación con el tráfico de drogas, el control de los recursos de la zona que controlasen, la protección a empresas (por qué no matar sindicalistas cada tanto).

    Así fue que convirtieron a las zonas bajo su control en un Estado paramilitar sin posibilidad de que existiese una organización que no fuese el grupo en cuestión. De esta manera, incluso, en algunos lugares dieron la apariencia del orden con “limpieza social y política”, y el establisment los mostró como modelos a imitar por otros lugares en Colombia”.

    Comentó Ruizist! el 20.02.14 a las 9:48 am — #permalink

  5. Hace poco salió una nota con reportaje en La Nación a los productores de la serie. Es muy interesante y rescato esta frase:

    “Creo que queda muy claro que él no lo hizo solo y que para lograr ese imperio tuvo la complicidad de la sociedad civil, algunas instancias del ejército, la policía y sobretodo de la política nacional e internacional. Mientras Colombia ponía los muertos y una importante generación de jueces, militares, periodistas, políticos y civiles, los países consumidores poco hacían por combatir el narcotráfico y el consumo en sus países”

    EL LINK: http://www.lanacion.com.ar/1665570-el-patron-del-mal-segun-la-productora-de-la-serie-y-las-victimas-de-pablo-escobar

    Comentó Lemmy el 25.02.14 a las 7:50 pm — #permalink

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