Wikileaks, la ñata contra el vidrio

Implotado por Ruizist! el 04.02.11 @ 3:01 | 1 comentario
Temas recurrentes: Geopolítica, Medios | Keywords: , , , , , , , , , ,

Assange vigilante. Assange genio. Assange hacker. Assange libertario. Assange violador. Estos micromensajes contradictorios son una muestra gratis de cómo se intenta operar a un nivel cada vez más básico sobre nuestra comprensión de una realidad que es mera construcción. Los medios masivos, que no sólo acá están blanqueando cada vez más su ominoso rol en la arena política, saben que la mejor defensa es un buen ataque. Están perdiendo terreno a pasos agigantados con Internet y el resto de las nuevas tecnologías, y encima apareció un cruzado como Julian Assange para refregárselos por la cara y amenazar con dejarlos sin trabajo.

Resulta que entre toda esta marea de tinta que supo traer a la costa el affaire Wikileaks (cuyos cables probablemente *nadie* haya leído con un mínimo de seriedad), Assange decidió poner la trucha y darle una nota a 60 Minutes, programa emblemático e histórico de la televisión repub… perdón, estadounidense. La aclaración es medio siome, pero por las dudas: antes de hacer click, sepan que está en inglés (?).

En última instancia, lo que Wikileaks propone de forma abierta, masiva y brutal, es prescindir de los medios. O en todo caso, acortar la brecha de mediatización entre la información y cada uno de nosotros. El gran desafío de Internet, casi desde sus comienzos pero sobre todo ahora, cuando parece un horizonte cada vez más posible, es que cada uno sea su propio gatekeeper. Que un número cada vez mayor de personas incorpore los conocimientos necesarios para buscar, encontrar y sobre todo *seleccionar* información.

Por eso hace más ruido la serie de pequeñas concesiones que debió hacer Assange al pactar con diarios para obtener una mayor cobertura (aunque hay que darle la derecha: vaya si la obtuvo). O al someterse a notas como éstas, que terminan siendo interrogatorios que parecen inspirados por el recuerdo del mismísimo Himmler. En otro contexto, este nivel de variantes ofensivas (?) en un cuestionario elevaría el nivel de la práctica periodística y la haría, si no imprescindible, al menos simpática. Pero esta vez los hilitos de los services estadounidenses se ven por todos lados, y el entrevistador Steve Kroft se limita a reproducir el libreto y a cuidarse muy bien de no repreguntar, probablemente porque una salida del guión le significaría un tirón de orejas desde arriba.

Increíblemente, lo mejor que hace Kroft es encargarse de que la entrevista no fluya. Siempre que puede cambia bruscamente de tema e interrumpe a Assange, probablemente el primer entrevistado de la historia que no rehuye contestar exactamente lo que se le pregunta. Da una mezcla de risa y pena ver a Assange correr por izquierda mediática (?) a un contracturado —física y ni hablar mentalmente— Kroft con el secreto de las fuentes. Un periodista explicándole a otro por qué las fuentes no deben revelarse es probablemente uno de los momentos más humillantes que puede padecer un entrevistador (que juega siempre de local, a no olvidarse). Assange no pierde la compostura ni siquiera cuando Kroft echa el resto y lo califica de “rarito” (weird), o lo “acusa” de activista; es decir, básicamente le advierte de forma velada que no se meta en política, que ése es un asunto de grandes.

Quizás sea prematuro erigir a Assange como un héroe. No es un tocarli, eso seguro. Por otro lado, el problema es que los medios —sobre todo los televisivos— hacen de la chicana un medio de vida, y son verdaderamente imbatibles cuando logran llevar las cosas a ese terreno. Para qué sentarse a analizar cualquiera de los cables que ayudó a filtrar Assange y preguntarle por qué lo hizo, si es más fácil reforzar su imagen de lone nut (un clásico en el imaginario político hegemónico yankee desde tiempos inmemoriales) y poner en duda sus intenciones desde que, ya taimado en sus años mozos (?), omitió avisarle a su madre que a los nueve años anduvo tres cuadras en bici sin rueditas. El hombre de la calle no tiene tiempo para fumarse una ristra de cables, pero se supone que en los medios laburan de eso.

Se supone, justamente. Si nos empezamos a convencer de que en realidad laburan de otra cosa, se van a empezar a vender muchos menos televisores.

1 comentario »

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  1. Muy buen análisis, la verdad

    Comentó Fernando_S el 09.02.11 a las 10:24 pm — #permalink

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